Esta falsa primavera no ha durado más de cinco días, y me ha dejado como regalo un fin de semana con tazas de leche caliente, miel e ibuprofenos.
Como consecuencia, mis días vuelven a estar exprimidos hasta el último minuto, y volveré a intentar -inútilmente- coordinar mis horarios con los del resto de la ciudad. La verdad es que me planifican tanto las semanas que cuando llegue julio no voy a saber qué hacer con mis horas, aunque ese tema prefiero dejarlo aparte, al menos por ahora. Bastante tengo con seguir sobreviviendo a la cara B de mi "vida Erasmus".
Y ahora me voy que, para variar, tengo prisa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario