domingo, 5 de mayo de 2013

Defectos secundarios

Te habías enfadado. Qué era eso de no mirar al presente. Cuando por fin el pasado dejaba de estorbar te emocionabas pensando en el futuro, y entrabas en ese peligroso círculo en el que el futuro se convertía directamente en pasado. Carpe diem, te decían, aunque si alguna vez habías llegado a saber lo que era eso, parecías haberlo olvidado por completo.

Siempre quisiste más. En el buen sentido, claro. No lo llamaría exigente ni inconformista, casi diría que todo lo contrario, con lo fácil que era hacerte feliz. Pero te cansabas enseguida de todo, maldita sea. Lugares, costumbres y rutinas. No sabías decir exactamente de dónde venías, y mucho menos a dónde querías ir, pero querías más. Conocer más. Aprender más. Supongo que eso era una cosa buena, aunque en cierto modo te iba empujando sin rumbo fijo, de un lado para otro, y te mantenía lo suficientemente lejos de cualquier cosa que pudiera atarte. O quizás esto último lo hacías inconscientemente, y buscabas alguna excusa a la que echarle la culpa, quién sabe. 

Te gustaba que las cosas estuviesen en su sitio, pero si todo estaba ordenado te desquiciabas. A veces tenías esa rara sensación de que el caos de tu habitación era directamente proporcional al caos de tu vida, y quizá por eso odiabas las sillas debajo de montones de ropa y no soportabas las pilas de cacharros sin fregar. 

Ya podías cabrearte y decepcionarte las veces que hicieran falta, que en el fondo daba igual, eras tú. Tú y tu costumbre de no dar explicaciones a nadie. Tus miedos, tus contras, y tu estúpida manía de no escribir en primera persona.

3 comentarios:

  1. Buah. *sonrisa gigantinorme*
    Esto me ha recordado a mi y a mis escritos y a mis historias de hace mucho mucho mucho tiempo.
    O quizá no haga tanto y sea yo la que lo vea tan lejano.

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    1. Vaya, me alegro de haberte sacado una sonrisa de esas dimensiones (:

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  2. "Con lo fácil que era hacerte feliz"

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